Rauw Alejandro también se queja de lo incoherente de las restricciones: «¿Permiten vender alcohol pero no levantarse?»

Rauw Alejandro critica que el Gobierno de Madrid permita el aforo completo y el consumo de bebida en su concierto, pero al tiempo amenacen al público con detener el concierto si se levantan.

Hace unos días os hablábamos de que el tour de Måneskin, la banda ganadora de Eurovisión, iba a recorrer toda Europa dejando fuera a España. Probablemente porque las restricciones que la era Covid ha impuesto a la música están cambiando de forma tan lenta e incoherente en nuestro país, que anunciar una fecha ahora mismo no es rentable.

Una de las comunidades más flexibles a este respecto ha sido Madrid, que sí permite ya que los aforos de los conciertos estén al 100%, como ha sido el caso del de Rauw Alejandro en Vistalegre el 30 de septiembre, pero aún y con esas, las restricciones del evento han llamado poderosamente la atención del artista.

En un post en sus redes sociales, muestra asombro con el hecho de que se llene el show, permitan la venta de alcohol, pero al mismo tiempo, no permitan a la gente levantarse. Gente que, con toda probabilidad, ha sido vacunada, lleva puesta -teóricamente- la mascarilla, y tiene un asiento asignado del que tampoco es que pueda moverse en exceso.

Pero no puede levantarse. Porque todos comprendemos a la perfección que bajándose uno la mascarilla para beber cerveza es improbable que contagie al de al lado, que beberá a su vez un ron con cola. Pero en el momento que uno se levanta, surge una ola de Covid que automáticamente atrapa a todos los presentes. Como si uno se levantara y se tirara un pedo al tiempo, cargado del virus, contagiando a todos los de su alrededor. Su alcance es imparable y sólo puede detenerse en posición de tomar asiento.

Bien es cierto que hace unas semanas criticábamos que Sergio Dalma alentara a sus seguidores a levantarse, incumpliendo así las medidas del Festival en el que estaba actuando, pero también es cierto que empezamos a entender el hartazgo de los artistas respecto a la insustancialidad de estas medidas. Y a su alargamiento en el tiempo: ¿cómo no va uno a querer mover el cucu viendo a Rauw Alejandro? ¿Cómo va alguien a disfrutar de ese show si lo máximo que puede hacer es mover las manos como si siguiera una coreografía de Yurena?

La asfixia al mundo de la música es agotadora y necesita terminar ya: porque de lo contrario, España será un país en el que sólo anuncien conciertos Tontxu e Ismael Serrano. Y bastante tercermundismo tenemos ya encima en otros aspectos como para encima sumar ese.


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