Premios Odeón 2020 | Una auténtica vergüenza de gala nada a la altura de los artistas presentes

La primera edición de los Premios Odeón exige un replanteamiento de los galardones y desde luego, de la vergonzosa gala que se emitió en Televisión y reunió a los principales rostros de nuestra industria.

«Quiero que acabe esto ya», se escuchó decir a Quequé justo antes de que Alejandro Sanz actuara anoche en los primeros Premios Odeón. La suya era la primera gran actuación de la noche, con lo que quedaba prácticamente toda la gala por delante. Pero Quequé tenía ganas de quitársela de encima. Poco después hizo mención al asunto, consciente de que se había filtrado en el directo, e intentó quitarle hierro diciendo que «se lo estaba pasando de puta madre». No era verdad. Porque nadie se lo pasó bien anoche.

La gala de los Premios Odeón fue, vamos a dejarnos de historias, una auténtica porquería. Una vergüenza para sus organizadores y para RTVE, encargada de emitirla, nada a la altura de lo que hoy día debería exigírsele a un espectáculo así. Fue un insultó a los allí presentes, al público que la veía desde casa y sobre todo y especialmente, a los artistas que se prestaron a apoyar la causa.

Porque la idea original no estaba mal planteada: devolver el brillo a las galas de premios musicales en España, dar forma a una suerte de «Goyas de la música», como se encargaron de explicar en el propio escenario de lo Odeón. Pero los Goya no premian las películas mas taquilleras, sino las mejores. Ni a lo guiones más leídos, sino a los mejores. Ni a los actores que más recaudan, sino a los mejores. Por lo tanto, los premios a Mejor Disco por ser el más vendido, Mejor Directo por ser el que más recauda, o Mejor Vídeo por ser el más visualizado, fueron un auténtico despropósito. Porque en 2003 hubiéramos coronado de Odeones a Las Ketchup. Los «Goya de la música», decían.

«La gala, perdonadnos la expresión, pero fue un auténtica mierda. Una falta de respeto a la industria a la que querían homenajear.»

Pero es que el tema de los premiados fue en realidad lo menos indignante: es que jamás unos Goya hubieran permitido que al presentador se le interrumpiera porque había gente pasando por al lado del atril en las escaleras, porque en los Goya no habría gente cruzándose en cámara frente a los presentadores de un premio, porque los Goya no hablarían de cine sin tener ni idea («3.000 millones de descargas en streaming», llegaron a decir, en un momento «OK, boomer» de manual), porque los Goya no permitirían que sus presentadores improvisen durante largos minutos para hacer tiempo para una actuación (Álvaro Soler y Mala Rodríguez pedían a gritos que los sacaran del escenario), porque los Goya no parecen ensayados 10 minutos antes de salir a escena.

Los Odeón fueron una chapuza épica. Aburridos, porque el escenario no estaba pensado para adaptarse a las actuaciones de la noche. Previsibles, porque invitaron y nominaron a los de siempre y el espacio para la sorpresa fue tan ajustado, que hasta nos hizo ilusión ver a Mon Laferte acompañar a Manuel Carrasco. Incoherentes: porque mucho graffitti en las pantallas, pero ningún representante del rap, hip-hop o trap del país, a pesar de los resultados en streams. Repetitivos, porque los speeches de Quequé cuadraban en los Premios Amigo del 98, incluyendo el momento en el que hizo humor de las letras del urban latino: ¿no había huevos a hacerlo con ‘Mi Persona Favorita’ de Alejandro Sanz, que urban no es, pero sí tiene una letra igualmente sonrojante?

«Los Odeón fueron una chapuza épica. Aburridos. Previsibles. Repetitivos. Incoherentes.»

Y claro, en los «Goya de la música» el sonido no pudo ser peor. El coro góspel de Sanz dejó mudo al artista y a su invitada por momentos, Alba Reche y Danny Ocean sonaron terribles en su acústico y no precisamente por estar cantándolo del todo mal, ningún volumen de micrófono parecía haber estado comprobado antes de las actuaciones. Insistimos, ¿alguien ensayó en este circo?

Comentaba el presentador que estaban listos para recibir por Twitter. Se adelantaban al tsunami de críticas como para hacer ver que siempre ocurren y que ellos serían la enésima víctima. Lo cierto es que anoche lo tuvieron merecido. La gala sólo se salvó por algunos directos. El resto, y vais a perdonarnos la expresión, pero fue una auténtica mierda.

Y lo peor es que todos los que la montaron sabían que lo era. Una falta absoluta de respeto a la industria a la que pretendían homenajear.


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