‘OT Fest’ simbolizó todo lo que ‘OT’ necesita dejar de ser






La Academia de ‘OT’, en su área exterior, fue testigo del primer ‘OT Fest’, un resumen de todo lo que el programa necesita quitarse de encima.

‘Operación Triunfo’ arranca con sus castings a finales de este año. Es decir, que tal y como venía rumoreándose, la siguiente edición del programa no dará inicio hasta empezado el próximo año. Un descanso bastante escaso para una tercera edición que se prevé un absoluto fracaso, especialmente considerando que el programa viene imitando -más o menos- las mismas cuotas de popularidad que tuvo en los primeros dosmiles: un ‘OT1’ de muchísimo éxito, un ‘OT2’ con un cierre positivo de audiencias pero de escaso impacto social y ahora… ¿el ‘OT 3′ que nadie es capaz de recordar con claridad?

Este jueves, ‘OT Fest’ se encargaba de dar pistoletazo de salida a la nueva era triunfil, aunque sólo de forma relativa, porque como hemos dicho, aún quedan meses para la tercera edición post revival. Como afirma Borja Terán en su columna para LaInformación, fue una forma de hacer que el público volviera a interesarse por el formato. Pero igual que él indica, una forma un tanto fallida.

Terán habla del escaso impacto popular que ‘OT Fest’ ha tenido: nadie está realmente hablando de lo que allí ocurrió, ni de sus actuaciones, ni de la próxima edición. A pesar de que 25.000 personas conectaron por Youtube con el evento, las cifras quedaron muy lejos de las de ‘OT 2018’ en sus buenos momentos, con cerca del triple de impacto. Y ya es una edición de cifras discutibles.

De modo que sí, el evento fue un fail a todas luces. Principalmente por lo cutre que era de raíz: un escenario de casting final, una veintena de sillas de mimbre delante y ningún acompañamiento extra. Una tarde de Singstar en el jardín de cualquiera de los que se quedaban pegados a la pantalla del móvil u ordenador. El no-evento.

Y eso que ‘OT Fest’ contaba con la presencia de múltiples triunfitos además de caras nuevas: por allí pasaron Miki, Natalia Lacunza, Nerea, Ricky, Raoul, Dave… pero sus actuaciones también estuvieron faltísimas de relevancia real. Eran parte del karaoke. Y ni siquiera uno a lo grande, como suele decirse del programa.

‘OT Fest’ simbolizó todo lo que ‘OT’ debe dejar de ser para volver a ser motivo de conversación en la calle: necesita despegarse de ese tufillo de karaoke. Es 2019 y los sellos y el público no buscan intérpretes, sino artistas. Y eso se ha dejado notar con los productos salidos del programa hasta ahora. Los que han conseguido triunfar -al menos hasta la fecha- tienen un sello de artista más allá del puro marketing. El público no quiere ya alguien a quien se le den tres canciones y las cante. Salvo que las cante con suficiente likeability de base, que sería el caso de Aitana, pero es una excepción que confirma la regla.

‘OT’ necesita una reinvención, y una de sus claves puede estar en algo similar a la que vivió ‘The X Factor’ hace un par de ediciones, cuando la audiencia consiguió repuntar en vez de seguir cayendo, como ocurrió el resto de años. El programa presentó a concursantes con un catálogo, o si estaban faltos de él, con una selección de canciones que servía para definirlos. Rak-Su ganaban el programa, de hecho, con un tema propio, ‘Dímelo’, que terminaría siendo #2 en el Reino Unido.

De ese modo, ‘Operación Triunfo’ se evitaría casos ya vividos de absoluta desconexión entre concursante y repertorio: Ricky Merino tuvo en ‘Let Me Entertain You’ su actuación clave, pero después apareció ante el público con un par de números funky-pop. María quería hacer reguetón alternativo (sort of), pero el concurso la popularizó con ‘Voy En Un Coche’. ¿Qué hacía Miriam en body con ‘Dramas Y Comedias’? ¿Alguien supo de qué iba la cosa con Marina, Natalia o Joan cuando terminó su concurso?

‘Operación Triunfo’ necesita un lavado de cara para evitar que su vuelta se quede rondando el 10% de share, interesante apenas a un grupo del público que sí, se montará #streamingparties y comprará los discos mientras duren las firmas, pero luego… luego sacudirse el fracaso de las solapas resultará tremendo.

Si dejamos que artistas o intérpretes con el destino más o menos claro se cuelen en la Academia, podríamos engancharnos a lo que tengan que ofrecer: imaginad un ‘OT’ en el que Alfred hubiera estrenado varios temas, Amaia elegido su repertorio y Lola Indigo hubiera arrancado edición con un numerazo de baile pop. ¿Cómo hubiera cambiado la cosa?

‘OT’ necesita pasar a ser una Academia de Artistas, no de cantantes. Que sí, se perderá algo de frescura… ¿pero alguien cree que una tercera edición del nuevo ‘OT’ va a tener algo de fresco? Probablemente la misma que tuvo el ‘OT Fest’: nada de nada.


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