No sólo es el fiasco de la gira: ¿qué ha fallado en la ‘Reflexión’ de Ana Guerra?






Ana Guerra ha pinchado con la gira presentación de su primer álbum, ‘Reflexión’, que ocasionará notables pérdidas por la baja venta de entradas. ¿Pero por qué no es sólo eso lo que ha resultado un fiasco?

El caso de Ana Guerra es uno de los más dignos de estudio de los últimos años en el pop español. Empezamos por los datos básicos: Ana, finalista de ‘OT 2017’, se gana el cariño del público durante el concurso, con un recorrido increscendo que la lleva a posicionarse entre las favoritas, no sólo por su esfuerzo por mejorar sobre el escenario, sino también por su personalidad contagiosa, lo divertido del personaje en general, y también, al César lo que es del César, por un puñado de actuaciones más que dignas en ‘Operación Triunfo’.

Las semanas de convivencia y aprendizaje, y performances como las de ‘Havana’, ‘La Bikina’, ‘Lágrimas Negras’, o ‘La Negra Tiene Tumbao’ perfilan a una artista de salida comercial más que directa: la combinación entre el movimiento latino y las composiciones más tradicionales. Y sin embargo, un par de años después de descubrirla, aquí estamos lamentando el funcionamiento del proyecto, en general, en la vida real: casi todos los medios se han hecho eco estos días de que la gira de Ana arrancó con apenas el 30% de las entradas vendidas, y no va a seguir mucho mejor.

¿Qué demonios ha pasado para que toda la era ‘Reflexión’ vaya a cerrarse con semejante sensación agridulce, con cada vez menos de lo segundo y más de lo primero?

 

La impresión de que hay cantante, no artista

El proyecto de Ana no es… Ana. Es decir, ‘Bajito’, por ejemplo, no representa, en absoluto, a la Guerra que el público conoció en ‘OT’. Aquella muchacha era divertida, tenía garra, pasión, humor… todo lo que le falla a un single que ha tenido que sostener el proyecto cuando se ha puesto a la venta.

Hay una cantante en el escenario, que interpreta este o aquel tema, ahora una balada, ahora un urban, pero que nadie sabe muy bien qué es lo que quiere hacer. Ana Guerra planeaba acercarse más a las melodías clásicas cuando hablaba de su carrera dentro de ‘OT’, pero es perfectamente normal que alguien la animara a tirar por sonido más contemporáneos: al fin y al cabo, tiene 25 años, y su target, probablemente, una media de 10-12 menos que ella.

Pero la Ana que desemboca de ‘Reflexión’ es una Ana como dirigida, robótica, rígida en sus apariciones sobre el escenario, que hace su trabajo pero que no trasmite personalidad mediante el mismo: la prueba definitiva es que la muchacha torpe, cómica y cercana que conocimos en ‘OT’ sólo se deja ver cuando la lía en redes sociales, pero no en lo musical. Por ahora, esa personalidad no tiene reflejo en ningún corte, es una Ana pretendidamente sexy, pretendidamente demasiado profesional, demasiado adulta. Y esa Ana no genera interés.

 

La sensación de prisa y urgencia no le ha beneficiado

Es evidente que prácticamente todos los concursantes de su generación de ‘OT’ han terminado pasando por la presión de lanzar material contrarreloj, por mucho que la Academia los animara a no hacerlo. Es normal, en el fondo: la industria real no es la Academia, y las ganas de rentabilizar los perfiles de todos ellos provoca que la mayoría de temas terminen saliendo de un catálogo, por lo general, muy impersonal.

Falta calidad, y falta mucho mimo: ‘Reflexión’ no es un álbum atroz, pero está hecho en vuelta y vuelta cuando tenía que haberse quedado más tiempo en cocinas. ‘Lo Malo’ o ‘Ni La Hora’, pasada ya la resaca de ‘OT’, suenan a cuando creíamos que ‘Ave María’ era una gran canción en 2002. Y ya dos años antes, lo que un bop latino era, era ‘She Bangs’, no ‘Ave María’. Al final, España confunde latino con verbena cuando va fijándose en las manillas del reloj, y para hacer verbena bien, hay que ser consciente de dos cosas: el objetivo de la canción y ser plenamente consciente de que se está haciendo verbena. Sonia & Selena siendo el ejemplo perfecto de esto.

En eso falla ‘Reflexión’: hay mucho corte de chiringuito, sólo funcional con un par de copas de más, pero siendo pensado, lamentablemente, como canción de álbum real. Ana podía haber exprimido más salsa (más sampler, más instrumentación orgánica), más cachondeo y menos seducción, y haber pulido más los cortes más clásicos.

 

El disco ni se ha vendido, ni se ha escuchado

Dicho lo cual, estamos discutiendo sobre entradas vendidas, pero no estamos siendo consciente del fallo global del proyecto: en apenas 12 semanas, ‘Reflexión’ es #37 en la lista de ventas, pudiendo vender 100 o menos copias por semana a estas alturas. Su sello pronosticaba rondar las 9.500 unidades en su semana de estreno, pero el disco se terminó vendiendo la mitad. El Disco de Oro, o se falsea, o resulta impensable.

Lo más sonado de la historia, sin embargo, son los streams de ‘Reflexión’: el disco no está pensado para venderse, sino para enganchar al público de playlist, porque las canciones que contiene, por norma general, son las que copan este tipo de consumo de streams. Y sin embargo, ‘Reflexión’ no aguantó ni un mes entre los discos más escuchados del país. Todos los álbumes de sus compañeros -salvo, obvio, el de Mireya-, siguen en la lista de escuchas meses después de ponerse a la venta, y en el caso de Alfred o Miriam, con contenido que no es típicamente favorecido en streams.

¿Cómo es posible que un disco que contiene un single Quíntuple Platino, uno Triple y un Oro no llegue al mes en un top100? Dicho queda: es digno de estudio.

 

El mercado de los artistas sin engagement

El caso de Ana no es tampoco aislado en España, sólo que, a causa de su participación en ‘Operación Triunfo’, y por haber anunciado una gira que excedía sus posibilidades, ha llamado más la atención. Pero no es la única artista capaz de bañar en platinos sus singles e incapaz, después, de congregar a un público a la altura de las cifras.

Si atendemos a los datos de, digamos, C. Tangana, con dos álbumes bien posicionados, con 5 top10s consecutivos en singlers, media docena de Platinos y un par de Oros, y unas 375 millones de escuchas de sus diez temas más populares en Spotify, lo que debería estar cerrando son Wizink Centers. Pero no: lo que está firmando son festivales y algunos conciertos muy distanciados en fechas en diferentes salas.

Tampoco habrá grandes giras por España para ‘Becky G’, aunque suma casi una decena de Platinos en un par de años, ni para Piso 21, Abraham Mateo, Karol G o Sofía Reyes, aunque también hayan tenido una notable soltura en la lista de singles.

La realidad es que Ana tenía que haber anunciado algunas salas pequeñas, vista la acogida del álbum, y de llenarlas, convenciendo a público paulatinamente, ir agrandando los espacios.

Vamos a poneros ejemplos bestias: en 2009, Lady Gaga tocaba en el pequeño Ocho y Medio de Madrid. En 2011, con ‘Rolling In The Deep’ ya en marcha, Adele anunciaba un concierto en la Sala Caracol, para 400 espectadores. Terminó haciéndolo en la Riviera frente a 2.000, pero ya nos entendéis: es mejor apuntar… erm, ‘Bajito’, que disparar al cielo y que la flecha nos caiga encima.


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