No se puede valorar ‘Operación Triunfo’ del mismo modo que se valora ‘La Voz’






La actuación de María durante el último pase de micros del programa ha levantado una polvareda entre los seguidores del concurso: ¿debe alguien con el perfil de la artista seguir concursando?

María tiene que interpretar ‘Amorfoda’, un tema de Bad Bunny, en la próxima gala de ‘Operación Triunfo’. Durante su pase de micros, los profesores y compañeros de la Academia valoraron positivamente su actuación, pero el público fuera parece tener una opinión sobre el número bastante dividida.

Hay quien opina que la artista se deshizo con la interpretación del tema, y aplaude la forma en la que la canta, y hay quien considera que a estas alturas del concurso, cantar «tan mal» debería estar penado con una nominación y expulsión.

Para nosotros, el problema de base es que seguimos valorando ‘Operación Triunfo’ como si fuera ‘La Voz’, como si quien debiera ganar tuviese que ser alguien capaz de lucirse con gorgoritos, capaz de interpretar un baladón de quitarse el sombrero, capaz de ir subiendo en potencia con el paso de las semanas.

Y no es únicamente un problema del público del concurso: el jurado también peca de valorar la mayoría de actuaciones con alegatos que giran en torno a algo que no tiene la mínima relevancia en el mercado actual, el poderío vocal de cada concursante.

Vamos a analizar en tres breves puntos por qué la visión de las actuaciones de ‘OT’ debería ir más allá de la afinación o la mejora vocal semanal:

 

Emoción, en el ‘OT’ considerado más frío

Para empezar, porque el público no puede tirarse dos meses quejándose de que los concursantes son fríos, que no llegan a la gente, que las galas pasan sin el mínimo de emoción, y cuando un concursante se deja la piel en un pase de micros, penalizar que haya perdido el control del tema hacia el final del mismo. ¿Que María no estaba cantando bien? Evidentemente no. ¿Cómo de bien canta Bad Bunny, que ha hecho de esta canción un multiplatino en una docena de países? ¿No preferimos ver a alguien desgarrarse por una vez sobre el escenario a una nueva gala en la que nadie diga nada?

Está claro que María no es la mejor voz del programa, algo que también tiene ella más que presente. Pero no se puede decir de ella que no está al nivel del resto de concursantes por ese motivo. No en ‘Operación Triunfo’, que busca una estrella para el mercado real. Porque entonces, deberíamos dejar de comprarle singles a Bad Bunny y comprárselos más a Paul Potts.

 

Esos estándares ya fallaron en la edición de 2017

Lo más gracioso del asunto es que sólo hace falta echar la vista atrás a la edición anterior para ver que no son los grandísimos cantantes los que triunfan: ¿quién tiene más voz, Mimi o Mireya? ¿Cepeda o Nerea? ¿Ana Guerra o Agoney? Tres batallas que ganarían los segundos en cada pregunta, claro está. Y sin embargo, son los primeros los que llevan colgados varios platinos al cuello, mientras los segundos pelean por mantener cierta relevancia.

El torrente de voz no es lo más importante, aunque, como digamos, el jurado sea el primero que perpetua estos medidores: Ana Guerra fue criticada en su pase a la final por no estar a la altura de sus compañeros, aunque lo cierto es que su single se ha comido con patatas a los dos de Miriam, que de primeras, tiene un perfil más funcional en el concurso.

Cepeda era duramente criticado por sus desafines en ‘OT’, pero ahí está, con un disco de Oro y un single Platino, merendándose a grandes voces de la edición. Y es que el propio concurso, y todos los que lo analizamos y disfrutamos, debería tener en mente que no se trata de que gane quien mejor cante, sino quien más llegue.

Y como decimos, en el mundo real extra ‘OT’ también es evidente: Taylor Swift no canta mejor que Christina Aguilera, ni Selena Gomez mejor que Rita Ora, ni Justin Bieber mejor que Joe Jonas. Pero llegan más, con gallos, con voces más sutiles, con un directo imperfecto. Se impone otro criterio que está escapándosele al público de ‘OT’.

 

Puede que sea un fallo del propio programa

En parte, lo es, y no sólo por el tema de las valoraciones del jurado: ‘Operación Triunfo’ necesita abrir barreras en sus castings. ¿Por qué no hay un rapero o rapera entre los concursantes, si el objetivo es el triunfo? ¿No tenemos las listas de ventas repletas de productos del estilo? Concursos como ‘The X Factor’ o ‘Got Talent’ se han abierto al estilo, pero ‘OT’ sigue centrado en perfiles melódicos, aunque no le hayamos comprado un disco a un baladista joven desde 1992.

Ese rollo Celine Dion, esa sensación de que las canciones repletas de melismas, de subidas, de harmonías imposibles, son las que deben dar a alguien la victoria en el concurso son algo antiquísimo. Así se comieron después los mocos muchos de los concursantes que terminaron en el podio de ganadores. Así triunfaron después otros que no cantaban tan bien y fueron expulsados.

 

Está claro que María puede cantar ‘Amorfoda’ mejor, está claro que puede emocionar controlando más de lo que lo hizo en el primer pase de micros. Pero es que para eso está el primer pase, para ir matizando cosas, para tomar más conciencia de lo que suena bien y lo que chirría. Y sí, algo menos gritada sonaría mejor, pero no necesitamos que María de con cada nota de la canción, necesitamos más que se rompa y alguien, de una bendita vez, sienta algo cantando en el plató de ese programa.


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