Martina D’Antiochia canta, actúa y pinta, escribe poemas… sólo que no lo hace bien






Martina D’Antiochia es la gallina de los huevos de oro del universo adolescente español: lo mismo da que no sepa hacer nada, van a exprimirla en todas sus facetas hasta que termine con la cabeza rapada y un paraguas en la mano.

Martina D’Antiochia es la típica niña extremadamente pija colegio concertado que imaginamos como protagonista de ‘Aulas Vacías, Corazones Llenos’, quejándose del «profe de reli». Y la cara de María José Campanario, básicamente, porque para tener 14 años, es un poco Carmen Morales en ‘Al Salir De Clase’. Si uno la viera por la calle, no sabría decir exactamente si tiene la ESO pendiente o es madre de tres hijos. En fin, el producto perfecto para vender a las masas con un pequeño lavado de cara y unos vídeos de Youtube que la dibujen como a la más irritantes de la alumnas de Juan y Medio.

Y así, D’Antiochia se ha convertido en el mayor producto adolescente del país: en Youtube, sus vídeos arrasan en visitas y likes, y sus suscriptores se cuentan ya por millones. En las librerías, la casi media docena de libros que ha escrito -nunca el uso de unas comillas fue tan necesario como ahora, pero vamos a abstenernos- ha despachado aproximadamente 300k copias en el país. En el cine, actúa en la última comedia de Santiago Segura. En la música, su primer EP, ‘Emociones’, ha llegado al #1 de ventas puras tras vender 4k impulsadas por otra media docena de firmas por el país.

Martina D’Antiochia te puede vender perfumes, faldas de tablas, un cuaderno de crucigramas, el comeback de los Tamagotchi o laca de uñas. Lo mismo da. Habrá un montón de niños esperando verla hacer algo… aunque no haga nada especialmente bien. Ni medianamente bien. Lo hace y ya, aunque todo tenga un aspecto impostadísimo. Aunque el producto sea del peor de los plásticos y ni se empeñen en tratar de esconderlo. Todo está prefabricado, todo tiene un tinte de falsedad extremo y por supuesto, toda su vida es parte del país de la piruleta.

‘La Diversión De Martina’ se llama su colección de libros y su canal de Youtube. Sobra decir que ni a los 9 años nos parecería divertido, porque nunca hemos disfrutado de ese tono Wr. Wonderful y de «estrella que vive sus sueños» (dígase con tono híper repipi) que tiene el producto D’Antiochia. Para muestra un botón: el momento en el que le comunican a Martina que ha sido #1 en ventas con su disco:

Sí, ese es el nivel de cringe. La niña, que insistimos, dice tener 14 años pero podría comprar cervezas en el Simago para todo su instituto porque nadie osaría pedirle el carné, lo hace todo como con el esfuerzo vocal de alguien que trabaja doblando las voces de la familia Iglesias Puga. Y ha pasado demasiado tiempo doblando a Chábeli. «No, esuna broa, nosuna broa, puo ve laista? Peo… ¿mo júas?»

Si en ese pequeño clip de su Instagram Stories ya se evidencia que como actriz tiene el talento justo para pasar el día, os dejamos también con un vídeo resumen de la grabación de la película en la que participa, ‘Padre No Hay Más Que Uno’. Sonia Monroy ya está en la cola para que le ayude con su siguiente corto, tras ver el momento en el que Martina se deja peinar por su padre por las prisas. Un peak de la ficción patria, cercano al «the battery is too low».

Martina D’Antiochia seguirá siendo exprimida mientras los niños de su generación sigan viendo -consumiendo, más bien- sus vídeos. Da igual en qué faceta, visto lo visto. Su última aventura es la de la canción, y como decimos, ya ha tenido un arranque triunfal con ‘Emociones’. Eso sí, cantar no canta y bailar, tampoco. No se le da bien, pero a la niña le hacía ilusión y por qué no iban a gastarse mil euros en lanzar un EP y grabar un vídeo baratito. 22 millones de views tiene ya.

Eso sí, 30.000 dislikes y los comentarios desactivados, como en el resto de vídeos de su canal, no sea que alguien con sentido común le ponga un poco los pies sobre la tierra. Que sí, imaginamos que también recibe bastantes insultos injustificados -quién no lo hace hoy día, lamentablemente-, pero también se cuidan muy mucho de que nadie pueda explicarle que cuando uno hace de todo, pero no hace nada bien, las cosas tienden a derrumbarse rapidito.

Y es el que caso de Martina D’Antiochia tampoco es el primero de niños prodigio que tengamos en el país, y tampoco será el último que no acabe muy allá. Curiosamente, España se reía de Abraham Mateo cuando tenía la misma edad que ella, aunque él tuviera también una solida base de fans. Decimos curiosamente, porque al menos Mateo tenía talento vocal y para el baile. Martina… Martina por ahora sabe encender y apagar una cámara.

Por favor, dejemos a los niños formarse y sí, dejemos que lleven adelante sus proyectos con absoluta ilusión, pero no lo convirtamos, como es el caso, es otro producto de plástico más de usar y tirar. Que en España tenemos la papelera de reciclaje llena con discos, libros y vídeos mejores que estos.


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