‘El Libro’, La Oreja De Jazz Gogh






El quinteto donostiarra -cómo nos gustaba esta expresión tan ya en desuso- se pasó al rollo jazzy en ‘El Libro’, el enésimo lanzamiento de su debut que contenía un vídeo con demonios y café.

Bienvenidos a la sección de la web que analiza pupilas, amigos de la estupidez congénita de nuestras secciones. En esta ocasión, vamos a aprovechar este apartado para ir repasando los 40 singles que La Oreja De Van Gogh nos ha dejado hasta la fecha -si lanzan un nuevo, lo añadiremos a la lista, aunque arruinará el cómputo redondo de 40-. Para que os hagáis una idea, la intención es pasar por cada canción sin seguir la línea temporal en la que fue editada, con lo que vuestra favorita puede terminar saliendo en cualquier momento. Y sí, todo el mundo tiene una canción «favorita» de La Oreja De Van Gogh. En cada parada, analizaremos el single, el momento más Oreja, los vídeos oficiales y colocaremos la nota global de la canción con El Pupilómetro: a más pupilas, más nos habrá gustado el lanzamiento.

¡Preparad las pupilas, y arranquemos un nuevo visionado!

 

Igual que cuando Nina le echaba la bronca a Vega por no valorar la enorme capacidad de transformación de Rosario, que pasaba del rock al funky y le decía desesperada en la Academia «¡es un funky! ¡ES UN FUNKY!», hoy nos toca valorar una canción jazz de La Oreja. ¡ES UN JAZZ! Es decir, es tan jazz como imaginaréis que puede sonar La Oreja. Es Diana Krall como cantante de La Buena Vida. Es Amaia cantando ‘Come Away With Me’. Sólo que aquí, la historia trata de que hagas el favor de no dejar que se arruguen las páginas del puto libro. Y nos vais a perdonar el taco -la palabrota, no el plato típico mexicano-, pero es que Montero no puede insistir más en toda la canción en que lo esencial es que el libro esté más liso que el perfil de Isabel Preysler, que es básicamente la versión humana de un pug.

Y así, en un tono jazzy, la canción arranca dulce y sutil hasta que estalla en un estribillo en el que como dejes que el tiempo arrugue las hojas, cada miembro de La Oreja es capaz de presentarse en tu casa con doce tomos de Larousse esperando a que te los comas de uno en uno. Porque sí, en el estribillo se venían arriba y la amenaza era seria: ni jazzy ni nada, se olvidaban por completo del arranque del tema y pasaban a mayores, a lo que era un estribillo marca de la casa. Contundente. Muy San Martín. 

Luego se relajaba la cosa, porque Amaia confiaba en lo plano de los DIN A4 de lo que te había prestado y la canción se desarrollaba con normalidad siempre y cuando no se te ocurriera doblar una página para marcar tu punto de lectura. Hay que usar siempre un marca páginas o el único jazz que íbamos a conocer sería el amigo de Will Smith en ‘The Fresh Prince Of Bel Air’. 

 

Quedémonos con:

«Hoy presiento que el cielo viene a por mí.
Viene fiero, no quiere vernos reír.
Es un buitre que tengo que combatir

De verdad, lo de ‘El Libro’ es para hacérselo mirar. La Oreja preocupadísima por que unas páginas se arruguen, cuando de pronto la verdadera amenaza radica en el cielo. El cielo resulta querer asesinar a Amaia, según pinta la canción. Aunque también podría estar hablando de que iban a caer chuzos de punta y Montero estaba sin paraguas. Normal, los había comprado todos Leire a sabiendas de que algún día tendría que rodar el vídeo de ‘Inmortal’. Si es que tiene culpa hasta de las borrascas SECSIs.

En fin, anuncia La Oreja que el cielo no quiere verlos reír. Bien es cierto que nadie sabe realmente lo que quiere el cielo. Nos pasa por poner a Minerva Piquero a analizarlo, cómo íbamos a llegar a saber qué demonios quería el cielo por aquella época. Probablemente lo que quería el cielo era un día libre sin tener que pensar si debía llover o hacer sol. Y encima lo llaman «buitre» como si tuviera el cielo la culpa de nada. Claro que en el fondo les hace un favor, el único modo de hacer jazz feliz que recordemos es Amy Winehouse colocada.

De modo que es normal que no quisiera verlos reír, ¡era un jazz!

 

Una cosa os decimos: séptimo single de ‘Dile Al Sol’ -como si fuera a responder, después de llamar «buitre» a su hermano- y aquí estaba con su vídeo oficial. Cómo se nota cuando uno acaba de empezar, que le pone ganas a todo. Decía por aquel entonces La Oreja que le gustaba el vídeo de ‘El Libro’ porque se había rodado en una cafetería y les recordaba a sus primeros conciertos, cuando aún no eran una banda popular. Seguramente también les gustó porque todo el mundo estaba pendiente de que no se arrugaran las benditas hojas, pero eso ya es otro cantar y poco más que una suposición.

Bueno, todos no, porque en el vídeo de ‘El Libro’ aparece un personaje oscuro, sórdido, maquiavélico, que quiere cargarse a la protagonista, o enamorarla con engaños, o Dios sabe, algo peor: arrugar las hojas. Imaginad que no es que atropelle a la muchacha del clip, sino que termine arrugando las hojas. Es que me veo a Amaia lanzando el micrófono de pie al espíritu maligno, mientras espeta al público sorprendido «por Dios, es la grabación de un videoclip, todos sabíais que esto era playback». 

Lo más gracioso es que el vídeo culmina con la banda abandonando la estancia, explicando a un muchacho que el concierto ya ha acabado, sin hacer mención alguna a que todos, por separado, han estado intentando frenar al espíritu maligno -es maligno porque lleva eyeliner, algo hemos aprendido de las telenovelas-. Una fantasía de cierta ficción, que diría la Raquel Revuelta de ‘Homo Zapping’. 

 

La pupila de hoy es un jazz. Y la hoja sigue lisa como una losa recién pulida. No merece que no le demos la valoración que se le debe dar. ‘El Libro’ puede no ser el mayor clásico de la banda, pero puede que debiera serlo.


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