Lanza A Favor de… | ‘Westlife’, el debut de la boyband irlandesa más potente de la historia






Westlife debutaron en 1999 con un disco que rebosaba los niveles de azúcar recomendados por la OMS, pero que, escuchado ahora, nos da varios motivos para romper una lanza a su favor.

En 1999, rozando el efecto 2000 y con la industria británica revolucionada por la llegada del R&B americano, el subidón al mainstream de sonidos como el garage y el drum&bass, y el estricto universo pop dividido entre el disco y el dance, los chicos de Westlife venían a hacerse con el mercado del Día De La Madre, San Valentín, Navidad, y los corazones de las adolescentes, por mucho que la mitad de la boyband pareciese superar con creces los 30 años.

Y es que Simon Cowell le pasó una pelota bastante bien formada a Louis Walsh, que se quedaría con el management de los por entonces WestSide, diciéndole que “era la boyband más fea que había visto en años”. Walsh, que de otra cosa no, pero de adolescentes guapos sí entiende, echó a la mitad del grupo de los inicios y abrió un casting para encontrar algunos miembros a los que la cámara quisiera, cambió el nombre del grupo por razones de copyright, et voila, nació Westlife con un primer single, ‘Swear It Again’, que los mantendría casi década y media más en activo.

Hoy rompemos una lanza a favor de su primer álbum, ‘Westlife’, de 1999, porque, aunque entre tanto azúcar y declaración amorosa utópica, había tanto donde rascar y por qué aplaudirlos. Veamos cuáles son los motivos que nos llevan a ello:

 

Porque perfeccionaron hasta el extremo el concepto de chochismo

Otra cosa no, pero la mayoría de baladas chochas de ‘Westlife’ son el paradigma de la balada chocha, y hay donde elegir: desde la teenager ‘Swear It Again’, que todavía hoy valdría como single de ganador de talent, a la lacrimógena ‘Seasons In The Sun’, pasando por la epicidad góspel de ‘Flying Without Wings’ hasta los muy correctos covers de ‘More Than Words’ y ‘I Have A Dream’.

Hay donde elegir, con instrumentos de viento, con inspiración celta, con arreglos pop-rock, pero todo de un chochismo tal que uno podría pasarse medio disco con el kleenex en la mano. En un momento como este, de tal declive de la balada clásica, resulta sorprendente descubrir que Westlife fueran capaces de llevar un álbum así, casi compuesto enteramente de ellas, al Doble Platino en el Reino Unido.

 

Porque el plantel de colaboradores sorprende

Y no es moco de pavo, precisamente: el productor ejecutivo del debut es Simon Cowell, pero el magnate se dejó asesorar en la tarea por dos estrellas de la producción, que no han hecho sino ganar peso con los años. Uno es Steve Mac (Ed Sheeran, Years & Years, Pink, Jess Glynne..) y el otro es Wayne Hector (Nicki Minaj, One Direction, Olly Murs, Kylie, Carrie Underwood).

Pero es que además de los principales productores del disco, en ‘Westlife’ también encontramos a Rami (Madonna, Celine Dion, Avicii…), Max Martin (Britney Spears, Taylor Swift, Ariana Grande…), Pete Waterman (Kylie, Donna Summer, Steps…)  o el ganador de 16 premios Grammy David Foster (Mary J. Blige, Jennifer Lopez, Michael Jackson…).

Es decir, que BMG y Cowell tiraron la casa por la ventana para dejar un material absolutamente perfeccionado en el disco. Y sí, es demasiado largo y podían haberlo recortado de los 17 a los 10-12 temas, y haberlo bordado, pero hay canciones con estupendas melodías en el trabajo.

 

Porque era el contrapunto idóneo a boybands espitosas

Como decíamos, Westlife llegaban en un momento en el que todo el mundo estaba virando al más y mejor. Nsync estaban a punto de liarse a bailar como locos en ‘No Strings Attached’, Backstreet Boys estaban en pleno derroche de producciones de Max Martin y Boyzone habían pasado a gustar a un público algo más adulto.

El hueco estaba ahí y Westlife se hicieron con él. Mientras el resto de chicos trataban de llevar modelitos imposibles lo más 2k posibles, ellos se vestían de blanco y permanecían inmóviles sobre el escenario. ¿Coreografías de movimientos hiper ensayados? Sus “uptempos” apenas contenían el riff de una guitarra acústica puntual. ¿La imagen de chicos malos? Podrías llevarte a los cinco a la fiesta del té que organiza tu tía los domingos por la tarde y serían bienvenidos.

Eran el relevo generacional descarado de Boyzone, con un líder vocal, Shane Filan, igual de molesto que Ronan Keating, pero con más gente cuqui y menos componentes que pudieran parecer tu padre, o Chandler en ‘Friends’, valga la redundancia.

 

Y así, con un disco de 17 pistas, con baladas por encima de las posibilidades de una boda real, y con tres componentes que prácticamente hacían de atrezzo, Westlife conquistaron un Reino Unido ávido de Stevia musical. Y oye, no hicieron ningún mal a nadie, ya podía haber seguido lanzando más material inédito de esta altura y menos discos de versiones en los años venideros.

Y es que sí, será un trabajo que durá algo más de una hora, pero chico, contiene cinco #1s en UK, algo que aún nadie ha superado, y los cinco temas son de un sing-along de caerse de culo. Y además, no son los únicos. El relleno, hoy día, se soluciona eliminando los tracks de tu Apple Music, y sacando brillo a lo importante.


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