Lanza A Favor de… | ‘The Platinum Album’, el salvaje bombardeo pop de Vengaboys






Vengaboys son muy recordados por ‘Boom Boom Boom Boom’, pero señores, hagamos el favor de recordar el momento en el que grabaron un álbum repleto de singles.

1999. La gente se volvía loca con el europop, y las radios abrazaban los lanzamientos de Eiffel 65 o Alice Deejay e incluso bandas como Roxette se lanzaban a la conquista de las listas con trallazos como ‘Stars’. En ese momento, en plena vorágine por el dance europeo, aparecen los Vengaboys: una cantante y tres personas más de atrezzo que interpretan canciones semi-instrumentales con letras ridículas y sobradamente sexuales que, de pronto, conquistan Europa.

El primer álbum de la banda, ‘The Party Album’, contenía clásicos como ‘Up & Down’ o ‘We Like To Party!’, pero el grupo aún tenía pendiente dar el bombazo definitivo. Lo hizo, de hecho, con dos temas que aún hoy sirven de rompepistas, los más poperos ‘Boom Boom Boom Boom’ y ‘We’re Going To Ibiza’, exitazos en toda Europa, y desembarco definitivo del grupo holandés en territorio británico.

Después del impacto del álbum, Doble Platino en UK y Australia, Triple en Canadá, e incluso Disco de Oro en nuestro país, estaba claro que el futuro de Vengaboys pasaba por abrazar melodías pegadizas, completamente absurdas y radiables. Y así, de la manera más tonta, nacía la masterclass que fue ‘The Platinum Album’. 

Hoy, os damos tres motivos para romper una lanza a favor de aquel segundo disco de Vengaboys, tan perdido entre hits de la banda que ni siquiera está disponible en Spotify. Todo un escándalo.

 

Por que sus singles son obras maestras del bubblegum pop

A ver, un álbum que se presenta con un single llamado ‘Kiss (When The Sun Don’t Shine)’ no puede ir mal. When, ojo, when. No where. Sutil, ¿eh? Desde luego, si algo tenían Vengaboys era una sutileza exquisita, como en temas como ‘Parada de Tettas’ o ‘Rocket To Uranus’ se evidencia. Si alguien fue capaz de resistirse en 1999 a tararear ‘Kiss’ por favor que nos escriba un fax y nos lo confirme, porque dudamos, francamente mucho, de que exista en realidad.

El bakalao-pop eran tan costumbre en ellos, que aquel primer single nos apasionó pero no sorprendió, pero de pronto la banda lanza ‘Shalala Lala’. Una canción de estribillo soberanamente absurdo y castañuelas. Sutileza en el primer single, castañuelas en el segundo, de verdad, ¿cómo alguien iba a dudar que esto sería un éxito? El vídeo de la canción, además, con el grupo actuando en una taberna de los alpes repleta de cervezas y silicona, es poco menos que icónico.

Pero Vengaboys seguían guardando armas en los bolsillos: tenían preparado el top20 ‘Cheeka Bow Bow’, para aquellos que echaban de menos el sonido más ‘Up & Down’, pero sobre todo, tenían preparada… ¡una balada! ¡Vengaboys lanzando una balada! ‘Forever As One’, con la que además, se despedían del público vídeo tonos sepia mediante, antes de iniciar un lustro de silencio discográfico como banda. De verdad, una balada. Y sí, era tan guay como cabía esperar, aunque no tanto como cuando Aqua lanzaron ‘Turn Back Time’.

Por cierto, dato para quedarse muerto: ‘Shalala Lala’ era un cover de la banda de glam rock The Walkers, de 1973. Tela.

 

Porque el resto es de un absurdo fascinante

El resto del disco tenía tantas influencias imposibles, que resultaba un batiburrillo como poco fascinante. El único single que nos ha quedado sin comentar antes es el brillantemente jamaicano ‘Uncle John From Jamaica’, que hacía las veces del ‘Ibiza’ de este álbum. La influencia isleña se dejaba notar más allá, porque la banda también la dejó caer en la más que Ace Of Base ‘Your Place Or Mine’, que básicamente podría computar como cover de varios temas del grupo de ‘Life Is A Flower’.

La electrónica iba servida con ‘Skinnydippin’, en la que Vengaboys invitaba a los oyentes a quitarse la ropa, táctica habitual, si no cómo iban a ‘Kiss’ nada; o con ’24/7 in my 911′, que arrancaba con unas harmonías como queriéndonos vender que el resto cantaba. Era de un ridículo tan espantoso que uno acababa queriendo ser el Vengaboy marinero para hacer la tercera voz ficticia. Y pescar anchoas.

El disco también contenía piezas instrumentales, pero apenas un par: ’48 Hours’, el clarísimo skip que podía ser sustituido por el b-side de ‘Kiss’, ‘Vengababes From Outer Space’ -te quedas muerta y tu cadáver flotando entre Marte y unos asteroides, semicongelado pero con la peluca intacta-, y una pieza final, llamada, atención por favor: ‘Opus 3 in D#’. Terminar un álbum de pop banal con semejante título de una pretenciosidad inmensa es, como mínimo, para aplaudir hasta que las manos se queden sin circulación.

 

Por sus ridículas personalidades, on point en aquella época

Vengaboys eran como las Spice Girls del europop: cada uno de ellos tenía una personalidad definida, y luego estaba la pelirroja, que según la dirección del viento se vestía de una manera un otra: Estaba la negra guerrera, la única voz real de la banda, el cowboy y el marinero. Como decimos, la pelirroja lo mismo era alemana folclórica, que club kid, que prostituta de Montera 3am un jueves noche con alguna tela con brillos. Nuestra teoría es que le ponían toda la ropa de la negra que no llevara un estampado digno de veterana de la guerra bosnio-herzegovina.

El line-up de Vengaboys ha cambiado tanto como la talla de pechos de sus componentes, pero lo mismo da mientras sigan siendo: Fulanadetal, Coyote Dax, anuncio de Gaultier y Mel B. Y en aquella época, lo eran como nunca.


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