Lanza a favor de ‘Chicas Malas’, el álbum marginado de la discografía de Mónica Naranjo






Cumplida su mayoría de edad, y a punto de editarse un boxset, ‘Renaissance’, en el que por fin va a tener su hueco, intentamos hacer justicia con un ‘Chicas Malas’ en el que no todo era tan terrible.

El siglo XX llegaba a su fin y el temido efecto 2000 llegaba a la mente de todo el planeta por entonces: se suponía que, cruzada la barrera del nuevo año, muchos aparatos electrónicos dejarían de funcionar por un problema en la programación de sus fechas, listas sólo para los años 19XX. Evidentemente, esto jamás ocurrió, pero por increíble que parezca muchos llegamos a creérnoslo.

Por aquella época, se gestaría otro proyecto con obsolescencia programada: el ‘Bad Girls’ de Mónica Naranjo, ‘Chicas Malas’ en español. Un disco que fue gestado en la mente de Tommy Mottola y que sí, sufría un potente efecto 2000 de raíz. Según parece, el por entonces directivo de Sony había quedado fascinado con ‘Minage’, y pensó que era el momento de hacer salta a Mónica al mercado internacional.

De modo que le montón un disco de raíz: dejó un dineral en el proyecto, le ofreció a un equipazo de compositores y productores e incluso accedió a dividir el álbum en dos lanzamientos: uno en español, que se publicaría primero, y otro en inglés, poco después. Esto, claro, suponía otro desembolso de dineritos.

Pero Tommy Mottola no pasaba por la mejor de sus épocas: pocos meses después, abandonaría la discográfica en mitad de una enorme polémica, obligando a la empresa a una profunda reestructuración económica y laboral. El terremoto, obviamente, afectó a ‘Bad Girls’, casi un capricho personal de su equipo, que se quedó en la más absoluta de las nadas, a pesar de sus miras internacionales.

Su versión en español funcionó algo mejor, pero también supuso un bajón para el funcionamiento comercial de Naranjo. Después de aquello, y de que la situación personal de la artista no fuera la mejor en aquella época, ‘Chicas Malas’ quedó reducido a ser «una pérdida de tiempo», «cagada pastoret», «ambición vacía»…

18 años después de su lanzamiento, sin embargo, hay algunos motivos por los que sacar un tanto la cara al lanzamiento, de modo que vamos a romper una lanza a favor de ‘Chicas Malas’ por estos tres motivos:

 

Lo malo era muy malo, pero lo bueno estaba a la altura

Vale, considerando la discografía de Naranjo, si uno acude a escuchar uno de sus álbumes, seguramente no será el que hoy nos ocupa. Porque sí, contiene ‘Hotline’, el chunguísimo intento de R&B de ‘Yo Vivo En Tí’ y está cantado de forma absolutamente desagradable de principio a fin. Es probablemente lo que más destaca en el álbum: en comparación al resto de discos de la artista, en ‘Chicas Malas’ prevalece el sonido nasal, casi gatuno, y el desgarre continuado apenas sin matices.

Pero no todo es tan terrible: en 2001, ‘Sacrificio’ sonaba eficaz -aunque fuera un descarte del ‘Freak Of Nature’ de Anastacia, literalmente con el mismo equipo y sonido detrás-, las baladas ‘De Qué Me Sirve Ya’ y ‘Lágrimas De Escarcha’ tienen su punto, ‘No Voy A Llorar’ sigue siendo una bomba casi dos décadas después, y el lead del trabajo, el propio ‘Chicas Malas’, es un entretenido corte disco-pop que tampoco hace daño a nadie.

 

¡Dejadla ser divertida!

Si hay algo por lo que sacarle la cara a ‘Chicas Malas’ es que sacaba a la luz el lado frívolo de Mónica Naranjo. Y recordemos que la artista venía de una etapa intensita como fue la de ‘Minage’. El aire fresco nunca suele sentarle mal a Naranjo, y precisamente ahora, cuando lleva encadenados ‘Tarántula’, ‘Lubna’, ‘4.0’ y ‘Mes Excentricitès’, quizá sea el momento de volver a dejarse deslumbrar un tanto por el brilli brilli.

No necesariamente con contenido como el del álbum, pero que uno de los temas más celebrados de sus últimos conciertos sea ‘Las Campanas Del Amor’ -que es de los pocos tocados con la producción original- debería darle qué pensar. No sólo funciona por nostalgia. Funciona porque se echa un poco en falta a una Mónica que no desborde intensidad excesiva en cada tema. Aunque ya sea un poco su rollo.

Pero en ‘Chicas Malas’ se permitía la salida del tiesto -acierto o no a un lado- de coquetear con la salsa en ‘No Puedo Seguir’, de dejarse mimar por un Gregg Alexander absolutamente de moda en ‘Ain’t It Better Like This’, o de ponerse bailonga a la hora de elegir los tres singles del disco, dos de ellos sin vídeo oficial -aunque el del lead se filtrara años después-.

Pero no nos diréis que no hay cierta magia en un track que culmina con Mónica diciendo «paso de ti, tío».

 

Porque tenía un grandísimo equipo detrás

Cuando decimos que Sony puso a Mónica un equipazo en bandeja, es que se lo puso: Eliot Kennedy y Gary Barlow aparecen en los créditos de ‘No Voy A Llorar’, Sam Watters y Louis Biancaniello en ‘Sacrificio’ (adaptada por cierto por Aurora Beltrán, de Tahúres Zurdos), Diane Warren produjo ‘No Cambies Nunca’ y como ya hemos dicho, Gregg Alexander aparecía en ‘Ain’t It Better Like This’. Por aquella época, Mónica grabó también con Emilio Estefan Jr., aunque aquel ‘Shake The House’ no se coló finalemente en el tracklist.

En resumen, el problema principal de ‘Chicas Malas’ no es tanto que sea un álbum terrible, sino que sea un álbum para otra persona que no es Mónica Naranjo. Las baladas colaría mejor en la voz de Marta Sánchez, de ‘Sacrificio’ hubiera hecho un hit Anastacia, de ‘No Voy A Llorar’ otro Paulina Rubio -cantado, sobra decirlo, de otra manera- y de la canción que titula el disco un hit Chenoa.

Y para una Mónica que poco después se desentendería por completo de concepto «hit», aquel trabajo fue… efectivamente, una pérdida de tiempo. Y de dinero. Mucho dinero.


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