‘La Niña’, Lola Indigo llega con los deberes hechos y progresa adecuadamente

El segundo álbum de Lola Indigo desafió a los agoreros e incluso a sus propios singles de adelanto: ‘La Niña’ se guardaba más de un truco en el armario de la Barbie.

Qué complejo es siempre el segundo disco de los alumnos de cualquier ‘Operación Triunfo’. Cuando llegan a tenerlo, claro está. Generalmente, pasado el furor inicial por sus aventuras post-académicas, la realidad pasa a dar una bofetada a la mayor parte de triunfitos, rodeados, por norma general, de artistas similares con más rodaje y capacidades, que terminan engulléndolos porque no hay pastel para tanto comensal en nuestra industria.

De primeras, Lola Indigo partía con la ventaja de ser una de las pocas artistas femeninas que ponían en la balanza el mismo peso de baile que de música. Era la estrategia que podía hacerle salvar los muebles del complicado segundo momento y hacerle tirar adelante con su proyecto. Pero debía jugar bien sus cartas, porque incluso esa estaba rodada de un tsunami de compañeras en el urbano latino que en cualquier momento le podían poner la zancadilla a un buen paso de baile.

Y con la baza de jugar a las muñecas y una estética plasticosa, llegaba al ruedo pop ‘La Niña’. Precedida, de forma confusa, por la excesivamente oscura ‘Calle’ y el pop-rock de ‘Spice Girls’, que nos hacían presagiar un nombre más en la lista de caídos en la segunda vuelta. Incluso con vio la luz ‘Culo’, que de primeras abrazaba por completo el proyecto, nos quedamos con el mismo gesto de quien ve venir el guantazo.

Con lo que no contábamos era con la capacidad de remontada de Lola Indigo. Porque sí, ‘La Niña’ se presentó tambaleante, le costó encontrar el pupitre que la colocara de vuelta entre las populares de nuestro mainstream, pero una vez lo hizo, descubrió una mochila repleta de buenos apuntes. Veamos algunos de ellos:

 

Los ganchos intergeneracionales

Si algo ha sabido hacer ‘La Niña’, ha sido captar la atención de dos generaciones diferenciadas. La primera, su target más evidente, la generación TikTokera en busca de beats que poder reinterpretar en vídeos cortos e historias, que tiene material de sobra en cortes como ‘Tamagotchi’, ‘Calle’ o ‘La Niña De La Escuela’, en busca de la eficiencia rápida, la inmediatez y el levantar el ánimo.

Pero entre tanto tentempié para la hora del recreo, Lola también ha servido un menú más digerible compuesto de mucho mirada atrás, a los beats dosmileros de ‘Culo’, ‘Mala Cara’ o ‘Tu Y Yo’ -que lo mismo referencian a Brandy, que a Junior, que a Cassie, que a los últimos Nsync– y la referencias a bombas retro del urbano latino (la interpolación de ‘Pobre Diabla’ en ‘Killa (Ring Ring)’ o del rap industrial como ‘Watch Me (Whip / Nae Nae)’ en ‘Culo’.

Los titulos de algunos cortes (‘Spice Girls’, ‘Tamagotchi’) o las letras de otros («baja de la nube, que no eres Goku» en ‘La Niña De La Escuela’; todo ‘Lola Bunny’, más allá de los malos tragos que el personaje le haría pasar más adelante) también han aprovechado la tendencia de hacer de un pasado aparentemente obsoleto el nuevo cool.

 

La manga repletita de ases

Lo más sorprendente de ‘La Niña’ es que, como indicábamos al principio del post, ha conseguido sobreponerse a un estreno discutible. Y es que, salvo ‘La Niña De La Escuela’, el resto de adelantos son los que se encargan de bajar el nivel general.

Mucho más apetecible es el romance lésbico de ‘Killa’ en clave reggaetón vintage, que el paupérrimo pop-rock de Nabález en ‘Spice Girls’, repleta de sororidad pero falta de buen rollo. Más interesante es el paso adelante de su perfil más melódico en ‘La Llorera’, sutil, ambiental, cerca del R&B de Ariana Grande, que el de ‘Cómo Te Va?’, en el que un insufrible Beret entorpece aún más un desarrollo de Lola que ya parece fraseado con el pie torcido. Más jugoso es el beat machacón y simpático de ‘Tamagotchi’, que el repetitivo y ratos simplón de una ‘Culo’ estancada en lo demasiado obvio y que podía haber jugado más con los dobles sentidos.

 

Vuelta de la calle, calle, calle, calle

Lola Indigo tiene un perfil evidentemente urbano, pero no tan evidentemente de barrio. Es urbano como lo es la chica que acude a breakdance en una academia privada. Urbano de parkineo por gusto, pero con bebida cara. Urbano de pasar por peluquería antes de romperte en la pista de baile. Es decir, más ‘de pueblo’ que ‘de barrio’. 

Por lo tanto, cuando busca contentar al público de otros, se pierde en lo cargante de ‘Calle’, con demasiado invitado y las intenciones excesivamente a la vista o en lo vulgar de ‘Culo’, sin terminar de dar en la diana. La misma ‘Niña’ es la que juega a ser latina en ‘Cash’, pero ahí tiene algo más de gracia porque termina sonando a divertido cruce entre Nathy Peluso y las Miami Sound Machine.

En cualquier caso, la Lola Indigo más popera, la que tiene las referencias más dosmileras, la que es más autoconsciente y piensa menos en los oyentes mensuales a conquistar en esta o aquella plataforma, es la que mejor funciona. Es decir, vamos pa’ la ‘Calle’, pero no perdamos de vista la ‘Escuela’.

 

‘La Niña’ ha dejado constancia de que Lola Indigo puede poner un pie en el pop y otro en el urbano y dar forma a algo más que a un primer disco, por mucho que se mantenga en sus trece. También que, con algún traspiés, lo de dar forma a álbumes con un concepto de fondo se le da más o menos bien. Y cuando no queda tan claro, ya se encarga ella de concretarlo a través de sus visuales, otro punto muy a favor -y también repleto de acertadas referencias- en esta era. Sus vídeos y performances son un continuo Teletienda de su proyecto. Y vamos que si lo vende.

‘La Niña’ se busca mejor la vida en las melódicas ahora que en ‘Akelarre’, con una deliciosa ‘No Sé Qué Decir’ cerrando el álbum, con su inspiración Craig David en las guitarras, con su Roy Borland entregado a la causa; ‘La Niña’ sigue efectiva en los estribillos que taladran el cerebro del oyente (la sorprendentemente pop ‘Nada A Nadie’, con Mala Rodríguez, que pide a gritos su vídeo prometido al final de ‘Calle’; las pausas dramáticas de los hooks de ‘4 Besos‘; la estrategia de repetición en ‘Mala Cara’…).

En la mochila de ‘La Niña’ hay margen de mejora, pero Lola Indigo vuelve a llegar con los deberes hechos en su segundo disco. En sus notas figuraría un ‘progresa adecuadamente’ que la animaría a poner los ojos en el R&B y el pop, alejarlos del pop-rock, y atinar mejor con las compañías, que o aportan o puede ser muy peligrosas a la tierna edad de un segundo disco.

 

★★★ ½


Temas clave: ‘Killa’, ‘Mala Cara’, ‘La Niña De La Escuela’


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