Premios Grammy 2020 | U̶n̶expect everything






Los Premios Grammy 2020 anunciaban una gala imprevisible, pero nada tuvo el factor sorpresa que debía: el escenario era repetitivo, la mayor parte de las canciones baladas y nada representativas de la música del último año.

3 horas y 40 minutos duró la gala de los Premios Grammy la madrugada del pasado domingo. 3 horas y 40 minutos para entregar una decena de premios -que no vayáis a pensar que se entregan todos en la propia gala- y celebrar, o eso dicen, la música del último año, especialmente en el mercado americano.

Los Grammy 2020 llegaban con el lema «Unexpect Everything» -algo así como «todo será imprevisible»-, pero resultaron el show más previsible de entre los últimos que recordamos. Que es mucho decir, porque los Grammy nunca han sido una gala especialmente imprevisible. Es decir, esto no son los VMA: la ceremonia es sobria y seria, aunque se permita algunas licencias en esta o aquella actuación. Pero este año ha confundido sobriedad con sopor.

 

Una gala con raíces en la nostalgia

Como decimos, se supone que los Grammy celebran la música del último año en Estados Unidos. Y resultó que allí teníamos a Aerosmith haciendo ‘Walk This Way‘, a Usher homenajeado -otra bendita vez- a Prince, a Alicia Keys tocando su nuevo single aprovechando su condición de presentadora, nada menos que seis -¡seis!- actuaciones homenajeando a este o aquel, Boyz II Men apareciendo en dos ocasiones… es decir, mínimo una hora y pico de la gala estuvo dedicada al pasado.

Es más, vamos a hacer el recuento de hits de 2019 que sonaron en el escenario: 7 canciones de entre las 32 presentadas. En una gala que celebra lo mejor del último año, apenas media docena de su treintena de temas cantados fueron hits reconocibles. De entre esas 32 canciones, 4 fueron presentaciones de nuevos singles. Es decir, que a lo sumo, elevamos a 11 las canciones recientes de la gala. Y de ellas, sólo 4 habían recibido menciones en las nominaciones. 

 

¿Qué pasó con los artista jóvenes?

Llevábamos ya un rato de gala cuando aparecieron Aerosmith con un medley de un par de hits. Sí, nos marcamos un eyeroll, pero de pronto nos dimos cuenta de que la banda de rock había levantado la gala, que estaba siendo un sopor. Es decir, tuvo que llegar Aerosmith, una banda nacida en 1973, para levantar los ánimos.

¿El motivo? Que la gente joven se decantó, en su mayor parte, por canciones lentas: Demi Lovato presentó ‘Anyone’, H.E.R. tocó al piano ‘Sometimes’, Billie Eilish pasó de la gran ganadora de la noche en favor de ‘When The Party’s Over’, Camila Cabello pudo pasar por allí con ‘My Oh My’ o ‘Señorita’, pero tocó ‘First Man’. Por Dios, que hasta Ariana le hizo un homenaje con banda a Julie Andrews antes de que ‘7 Rings’ arrancara del todo.

Es decir, que fueron justo los artistas que podían aportar frescura los que no lo hicieron: se salvó la entretenida actuación de los Jonas, la de Lizzo, el enorme show que montó Lil Nas X junto a BTS, Billy Ray Cyrus o Nas, y la locura escénica de Tyler The Creator. El resto prefirieron sacar la carta de la «credibilidad» y la gala pagó el pato.

 

Ya está bien de ese escenario

Ni sabemos los años que los Grammy llevan con el mismo escenario. Que sí, le habrán hecho adaptaciones aquí o allá, pero sigue siendo un escenario central con dos alas, cuyas pantallas se levantan para descubrir la actuación de turno. Años sin cambiar ese elemento. Y después sí, las escenografías pueden llegar a ser estupendas (véase lo de Lil Nas X o Tyler The Creator), pero el escenario empieza a hacerse bola.

Y con la tecnología de 2020, se pueden hacer cosas mejores. El de los Goya, mucho más pequeño -y probablemente barato- nos pareció mejor. Porque fue más ágil, acompañó más a sus protagonistas: el de los Grammy tendría más LEDs que ninguno, pero a veces podría haberse sustituido por un telón de lentejuelas, de tan poco como llegaba a aportar con sus subidas y bajadas.

El montaje del show también es parte del show y si un espectador ve lo mismo año tras año, termina con cierta sensación de bola en su mente. Un deja vu a algo que ya se le hizo pesado un año antes.

 

El problema con los géneros

Y llegamos al punto anual. Los géneros de los Grammy. El problema racial del que ya hablamos largo y tendido en pasadas ediciones. Es lamentable que un artista como Tyler The Creator reciba un premio y tenga que salir a decir que sí, que está muy ilusionado, pero que no sabe por qué le han incluído en la categoría de rap. Que Lizzo gana en pop, en R&B tradicional, y su álbum es «urban contemporáneo». 

«Urban contemporáneo» es el baúl donde van a parar todos los discos de negros que son inclasificables para la Academia. Negros que hacen pop, pero son negros. En los últimos 5 años, por ejemplo, Beyoncé ha sido la única artista negra en colar ‘The Gift’ entre los nominados a pop. Y ha sido raro, porque incluso ella se llevó el «urban contemporáneo» por ‘Lemonade’. Los otros 24 nominados han sido blancos. En la última década completa, 50 artistas blancos, 6 negros.

Ocurre, curiosamente, sólo a la hora de nominar / votar, porque la gala después muestra -a pesar de lo pesado de la misma, etc.- una diversidad bastante mayor que su tabla. Lo decía también Puff Daddy -se llame ahora como se llame- al recoger un premio honorífico en una de las ceremonias pre-Grammy: «El hip-hop no ha tenido el respeto de la academia. No ha tenido reconocimiento. Pongo el reloj en marcha, tenéis 365 días para arreglar toda esta mierda. Necesitamos transparencia. Verdad. Diversidad». Razón, desde luego, no le falta.

 


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