Después de la T3 de ‘Paquita Salas’, no, nosotros no perdonamos a Anna Allen






Anna Allen reaparece en la tercera temporada de la serie de Netflix, y su caso da un giro importante tras el impactante monólogo del último episodio. Pero no, nosotros no vamos a perdonarla.

Anna Allen. En esta web la tenemos muchísima estima, porque dos de nuestras principales divas, Sara Serena y Alexa Lace, han seguido sus pasos a nivel musical, creando una carrera de la más absoluta nada. Sólo que ellas no están expuestas a la opinión pública y, por ende, reciben palos por aquí y poco más. Anna Allen trabajaba en ‘Cuéntame Como Pasó’ cuando todo su drama tuvo lugar.

¿Y qué ocurrió? Pues que se destapó que la actriz había fingido una carrera en Hollywood. Con fotomontajes, papeles que jamás existieron en realidad, y hablando en televisión de proyectos que no tenían nada de real. De hecho, el huracán la pilló como invitada de ‘Pasapalabra’, programa en el que también venía hablando de Premios ganados y proyectos a rodar. Todo mentira, y cuando la historia saltó a la luz, Anna Allen desapareció.

 

‘Hasta Navarrete’

Y de pronto, dos años después de toda la tormenta, aparece ‘Paquita Salas’ en el panorama mediático. La serie Flooxer estrenó en su día, nos hablaba de Clara Valle antes de su salto a Netflix. Un personaje que se basaba en Anna Allen y que terminaba escondiéndose en un pueblo, Navarrete, para evitar que la reconocieran y huir de los focos.

Un poco similar a lo que ocurrió con Allen, de la que no se volvió a saber nada hasta… ‘Hasta Navarrete II’, el último capítulo de ‘Paquita Salas’, en el que se marcaba el siguiente monólogo, tomando el papel de Clara Valle por sí misma:

«Vamos a dar la cara. Tenemos que hacerlo. Sí, todo es mentira: las ofertas de trabajo en el extranjero, los guiones en los que trabajé, todos los papeles de los que me pediste que hablara en televisión. Todos creemos lo que queremos creer y ahora he destruido mi carrera, la que tanto me costó crear.

Así que dime, ¿qué hago ahora? ¿Qué harías tú en mi lugar? ¿Qué puedo hacer? Porque estoy rota. Porque ya nadie atiende el teléfono cuando llamo. Porque se han olvidado de que soy una buena actriz. Yo soy una buena actriz, joder. Y no sé hacer otra cosa. No puedo vivir de otra manera. Llevo mucho tiempo aquí encerrada haciéndome preguntas. Me he dado cuenta de que me he estado haciendo las preguntas equivocadas. La pregunta importante no es por qué me pasó lo que me pasó, la pregunta importante es qué voy a hacer a partir de ahora y yo sé la respuesta.

Voy a salir, voy a luchar, voy a salir adelante. Voy a coger todo lo que me ha pasado y a convertirlo en algo que valga la pena. Así que sí, vamos a salir de aquí. Yo voy a salir de aquí. Y vamos a contar mi historia».

Y claro, con las emociones a flor de piel, en un momento profeminista de casi todos los medios, y con la serie tocando techo a nivel de crítica y público, la situación de Anna Allen daba la vuelta por completo. Javier Ambrossi y Javier Calvo hablaban de cómo surgió su contratación en las entrevistas promocionales de la ficción:

«Dijo que todo lo que pasó cuando vio ‘Paquita Salas’ y cómo lo contamos le emocionó y le sanó un poco. Y cuando escuchó cómo hablábamos de ella y leyó lo que escribió Brays Efe sintió que no estaba tan sola, se sintió entendida y por eso se atrevió a hacer esto, porque se sintió segura en nuestras manos.

Quedamos para cenar y estuvimos un rato largo hablando de todo. Nos dijo que quería demostrar que es una gran actriz. Parte del texto lo escribió ella, luego lo repasamos nosotros y le añadimos la frase final de ‘me están ofreciendo cosas en Hollywood’.”

Pasó lo que tenía que pasar: Twitter se volcaba en el debate de si había que pasar o no página, los portales debatían sobre si era hora de perdonar a Anna Allen y compañeros de ‘Cuéntame’ como Pablo Rivero salían en apoyo de la actriz hablando de «los errores que se cometen cuando se quiere ir de súper actor o súper lo que sea». 

 

Nosotros no la perdonamos

Efectivamente, no le perdonamos aquel derroche de estupidez, aquellas fotos falsas, aquella inventiva a la hora de hablar de Hollywood y su fulgurante carrera internacional. Y no la perdonamos, porque no hay absolutamente nada que perdonarle. Es un punto de vista equivocado: Anna Allen simplemente hizo el ridículo en un momento determinado, pero nadie tiene nada que perdonarle.

Es decir, su historia es la versión elevada al cuadrado de tirarse un pedo en clase de yoga. Uno va, y en medio de un estiramiento, se tira un pedo con todos los compañeros de la clase en silencio. Y le da un ataque de bochorno, sale corriendo del gimnasio, y jura no volver a la clase nunca más porque valiente vergüenza. Los compañeros de yoga hablarán de ello por un tiempo, se reirán de la situación mientras se toman un café y se lo contarán a familia y amigos. Pero no es necesario que en la siguiente clase uno vuelva cabizbajo y esperando el perdón de nadie. Fue, simplemente, una tontería.

Y lo de Anna Allen otra, de diferente escala. Lo único que vemos criticable en su monólogo de regreso es que se refiera a aquella invención como «lo que me pasó». Nos recuerda a la Isabel Pantoja de «aquel lugar donde no elegí estar». También se deberían asumir responsabilidades, aunque la idea no fuera de ella: «lo que hice» sería más correcto.

Porque lo que «hizo» no fue matar a nadie, ni destruir a un compañero, ni humillar a ninguna persona. Lo que hizo fue simple y llanamente una gilipollez. Y el público sabe pasar página de un ridículo: Mariah Carey sigue llenando su gira después de una nochevieja en la que se pasó un cuarto de hora desafinando, tres millones de personas escucharon un single de Manel Navarro después de su gallo en Eurovisión, y Antonia San Juan ha tenido papeles de éxito después de aquella gala de los Goya.

 

Más allá de Navarrete

Pero la actriz cuenta que «el teléfono dejó de sonar». El público no tiene nada que perdonarle, pero quizás la industria de la interpretación sí deba pedir perdón por no entender lo que debería haber sido una chorrada. O quizá no y ellos echen la culpa al público. ¿Pero alguien cree que sí, por ejemplo, Anna Allen hubiera aparecido en ‘Fariña’, las críticas de la serie hubieran sido peores? ¿Si Anna Allen hubiera participado en ‘El Reino’, la película se hubiera quedado sin premios? ¿Alguien hubiera dejado de ir al cine a ver ‘Campeones’ de haber salido ella, porque «menudo ridículo hizo con lo de las fotos»? Seamos honestos.

Lo que debería pasar ahora no es que el público perdone a Anna Allen, lo que debería pasar es que, a diferencia del personaje de Clara Valle, la actriz saliera adelante, pasara un casting por méritos propios y con ello, pasara página. Si es o no una buena actriz, y si da o no en determinado papel, no es algo que tenga que determinar un fotomontaje con Matt Bomer.

En ‘Hasta Navarrete II’, Belinda Washington le pregunta a Claudia Traisac (Clara Valle) por cuándo se va el sentimiento de vergüenza. Posiblemente nunca, seguiremos acordándonos de las fotos y nos dará una risilla floja. Y con la Mariah perdida entre brilli-brilli. Y con el gallo de Manel. Y con la desgana de Antonia.

Pero todos, absolutamente todos, nos hemos tirado un pedo en clase de yoga. Y la clase del día siguiente ha podido ser maravillosa.


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