Another year, another drama: Taylor Swift se hace un Taylor Swift antes de publicar ‘Lover’

Taylor Swift está de nuevo en el centro del huracán, como cada año, por la compraventa de los derechos de sus maters. ¿Qué está pasando?

En las últimas horas, Taylor Swift ha vuelto a ser la protagonista de redes sociales por un drama: todo su catálogo ha pasado a manos de Scooter Braun, un magnate con el que la cantante dice estar enfrentada, y que lleva a gente como J Balvin, Bieber o Demi Lovato.

Por descontado, y a falta de algo más de un mes de que se publique ‘Lover’, Taylor Swift se ha marcado un Taylor Swift, y rodeado el lanzamiento del disco de un enorme dramón, no sea que perdamos las buenas costumbres.

Vamos a ver qué es lo que ha ocurrido:

 

La versión objetiva: los datos de la compra de Big Machine Records

Como es muy complicado de entender, vamos a explicar la situación con los datos más sencillos:

  • Scott Borchetta arrancó Big Machine Records en 2005, cuando fichó a Taylor Swift tras verla tocar en una cafetería con 15 años.
  • La artista firmó un contrato con el sello, con el que publicaría 6 álbumes de estudio.
  • Los derechos de sus grabaciones se los quedaría el sello discográfico.
  • Desde hace 4 años, la discográfica ha mantenido negociaciones para ser adquirida por otra compañía.
  • El acuerdo se produce el 25 de junio, cuando la junta de socios da el sí. El padre de Taylor Swift es parte de la junta de socios.
  • El magnate Scooter Braun compra la discográfica y se queda, por ende, con los derechos de los masters de Swift.

 

Versiones enfrentadas

Lo que cuenta Taylor Swift: Taylor cuenta que abandona Big Machine Records porque la oferta sobre sus masters era que, según ella fuera lanzando un nuevo álbum, tomaría el control de uno de los anteriores. Ella sabía que la discográfica se vendería y no quería correr riesgos. Asegura que se entera de la compra de Big Machine por parte de Scooter Braun el mismo día que se da a conocer al mundo y siente que se le ha vendido su catálogo a un hombre que le ha hecho «continuado bullying» (alude a la llamada de Kim Kardashian y Kanye West, representado por Braun, y al vídeo de ‘Famous’ en el que un muñeco aparecía haciendo de ella, lo que denomina «revenge porn»).

Afirma que, aunque sabía que Borchetta vendería su material, jamás se imaginó que se lo fuera a vender a Braun. Dice que las veces que se ha hablado de Braun, estando ella cerca de Borchetta, ha sido siempre entre lágrimas. 

 

Lo que cuenta Scott Borchetta: Asegura que le ofreció quedarse con los derechos de sus masters de haber firmado nuevamente por la compañía discográfica, y ha publicado un mail de la cantante en el que ella, literalmente, dice: «Tengo que elegir entre quedarme con los masters de mi pasado o apostar por mi futuro. Conociéndome, ya sabes lo que he elegido». Asegura que el padre de Taylor Swift, como parte de la mesa de socios, era conocedor de toda la situación, y que posiblemente no la hizo participe de ella. Asegura haberla mantenido también al tanto a través de mensajes, con lo que opina que es prácticamente imposible que ella se enterara de la venta el día que se hizo pública.

Afirma que Scooter Braun ha participado varias veces en negociaciones con ambos, y que no ha sido testigo de ningún enfrentamiento entre ellos, mientras que sí era conocedor de los desencuentros entre Justin Bieber -representado de Braun- y Swift. 

 

En cierto modo, #WeStandWithTaylor

Entendemos, por descontado, la parte principal del drama, que es el mareo de compra-venta del material de Taylor Swift, sin que ella pueda ser participe del mismo. Es decir, la artista sabía que vendía los derechos de sus canciones a Big Machine Records, y tampoco puede escudarse en que tenía 15 años cuando firmó el contrato: siendo su padre parte de la empresa, y siendo ella menor, es absolutamente impensable que no supervisara aquel proyecto.

Pero, y es un gran pero: cualquier compositor debería tener, por ley, los derechos de sus propios proyectos. Debería legislarse de forma que, aunque los derechos de publicación fueran compartidos, un autor nunca pudiera perder los derechos de su propio material, y la venta de los mismos y demás negociaciones al respecto tuvieran que pasar siempre por sus manos, siendo su criterio el que impusiera los resultados finales.

Y a este respecto, absolutamente estamos con Taylor Swift. Y con cualquier otro artista en la misma situación, vaya. Es ridículo que para firmar un contrato, un autor tenga que entregar todo su material a una compañía. No debería ser así, y por tanto, aquí sí, defendemos la posición de Swift al respecto, y comprendemos absolutamente su malestar.

De hecho, la mayor parte de famosos que se han posicionado de su lado en las últimas horas, aluden a este hecho y sale en defensa de la artista como autora y productora de su material.

 

En cierto modo, #WeDont

Otra historia muy diferente es la narrativa que la artista crea para vender toda esta situación. Ella sabía que se venderían los derechos, y si bien entendemos que Scooter Braun no era su opción preferida para la compra, sabe perfectamente que el magnate no se ha hecho con esos derechos para hacerle la vida imposible, sino porque sabe que son una fuente de ingresos enorme.

Pero ella, como siempre ha hecho, ha creado una narrativa de víctimas y villanos en la que la compraventa de una empresa se ha transformado en un acto de control mental sobre ella, en el que él quiere arruinar su carrera.

Lo veremos de aquí a un par de años, pero lo cierto es que estamos seguros de que nada cambiará: recordemos que, hace unas horas, Swift tampoco era dueña de sus masters, y que si Borchetta, el anterior dueño, quisiera hundirla, ya lo hubiera intentando cuando poseía los derechos. Al fin y al cabo, ha sido él quien se los ha vendido a Braun. Ergo ambos serían los villanos. Nuestra apuesta es que la situación seguirá idéntica a la de ahora, sin que su carrera se vea afectada en absoluto.

Pero que la verdad no estropee una fantástica historia de ficción.

 

¿Cuántas veces ocurre esto sin que haya un dramón de por medio?

La realidad es que la venta de Big Machine, quedándose por cierto Borchetta dentro de la nueva compañía como gerente de esta, ha sido un movimiento de puro negocio muy alejado de la conspiranoia que Swift ha presentado a sus seguidores.

Tenían problemas con la era streaming -los tiene la propia Taylor, incluso, jugando en una liga mucho mayor que la de sus ex-compañeros de sello-, y Borchetta sabía que Braun podría mejorar los resultados que sus artistas estaban consiguiendo, porque lo ha hecho anteriormente con muchos de sus representados. En eso se basa la compraventa, en un movimiento puramente económico.

Y no es la primera discográfica en ser absorbida por otra, ha ocurrido decenas de veces. Sin que nadie se haya enterado, en el mundo de los fanbase al menos.

De hecho, también ha ocurrido un caso reciente similar al de Swift con una artista A-List: Rihanna se hizo con el control de sus masters al marcharse a Roc Nation. El problema, más allá de toda divertidísima ficción, es puramente económico.

Todo este drama es, en realidad, una negociación con resultado negativo para Swift.


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