10 años de ‘The Fame’: Lady Gaga celebra su debut perfecto de disco imperfecto

Han pasado ya 10 años desde que Lady Gaga nos hiciera a todos bailar sobre su disco stick. El resto es historia, pero Gaga ha querido recordar su debut en una web especial.

Han pasado nada menos que 10 años desde que conociéramos a Lady Gaga. Sí, amigos, hace 10 años era 2008, no 1999 aunque a más de uno se nos siga haciendo raro. Diez años en los que la carrera de la artista ha dado para todo: éxitos, resbalones, discos de jazz, presentaciones épicas, batallas en listas, una videografía para el recuerdo e incluso una reinvención country.

Hemos llegado a 2018 habiendo vivido un montón de fases de Lady Gaga aunque todavía hay margen para que la diva siga dejando hits en el camino. La artista, que en este momento prepara una residencia en Las Vegas al tiempo que apura su siguiente disco, ha querido echar la vista atrás con una web especial para los 10 años de su álbum debut, y ha anunciado una re-edición del disco en USB -vintage, ¿no?- para finales de año.

Nosotros también rebobinamos en el tiempo para redescubrir un momento en el que Gaga peleaba, precisamente, por obtener ‘The Fame’.

 

Un disco imperfecto, pero repleto de matices para el futuro

Realmente recordamos la primera época de Lady Gaga más por lo épico de ‘The Fame Monster’, el EP, que por el disco completo en sí, que no estaba del todo mal, pero desde luego no era el escaparate de la mejor Lady Gaga, como ocurre en la mayoría de discos.

Sin embargo, la artista supo dejar marca en canciones como ‘Poker Face‘, que prácticamente provocó el replanteamiento de todo el pop de finales de década, daba pistas de su futuro musical lejano en ‘The Fame’ -no nos digáis que no anticipaba un poco a la Gaga de ‘Joanne’, y descubría al mundo su enorme talento como compositora con melodías como las de ‘Paparazzi’, aún hoy una de sus mejores canciones en este sentido, que fue co-producida por ella ya por entonces.

La crítica aplaudía la capacidad lírica de un disco que dejó un montón de ganchos -¿no era todo ‘LoveGame’ una sucesión de ellos?-, y los hits -muchos-, conseguían que dejáramos pasar lo poco inspirado de canciones ‘Starstruck’, el hecho de que otras parecieran reciclados de anteriores trakcs (‘Money Honey’) o que sus referentes fueran demasiado obvios (‘Boys Boys Boys’ era prácticamente un tema de Gwen Stefani).

Incluso cuando algo como ‘Eh Eh’ sonaba, y uno se planteaba qué pintaba ahí algo con semejantes semejanzas a un Ace Of Base modernizado, terminaba enamorándose de su espíritu pop.

 

La explosión de Red One

¿Había trabajado Red One antes de estar con Lady Gaga? No, se dedicaba a la apicultura y la botánica en su casa de Túnez. Claro que venía de trabajar con gente, con A*Teens, Kat Deluna, Cheeta Girls, RBD… pero la explosión de su trabajo la vivió después de ‘The Fame’. Era el productor de moda, principalmente porque todo el mundo en el pop quería sumarse a la artista que llevaba hasta sus flatulencias al top10 de las listas: de ahí en adelante, Enrique Iglesias, Brandy, Pixie Lott, Sugababes, Paulina Rubio, One Direction o Nicki Minaj han colaborado con él.

Aunque su perfil es hoy día bastante más bajo que por entonces, no quiere decir que no haya dejado algunos hits recientes: ‘La Cintura’ y ‘Sofía’ de Álvaro Soler o ‘Vivir Mi Vida’ de Marc Anthony como algunos ejemplos.

 

Los vídeos, señal de la ambición de la cantante

La imagen de ‘The Fame’ puede que no fuera tan poderosa como la de la Gaga de ‘The Fame Monster’ o la que llegaría después, pero consiguió que todo el mundo identificara a la artista con las gafas con pantalla, los lazos de pelo -lo sentimos Sia-, el látex y las imágenes de rayos -Bowie is shook-. Lady Gaga había creado un estilo propio con la mera exageración de las cosas más cotidianas, y el resto del mundo pop la seguiría, alterando sus looks con detalles más locos -la Beyoncé de ‘Sasha Fierce’ como el ejemplo más desastroso, de hecho. Recordemos aquel body-moto.-

Los vídeos de la época ya partían con concepto y una visión de lo más interesante, y su increscendo visual tocó techo en los tres vídeos del EP: ‘Bad Romance’, ‘Telephone’ y ‘Alejandro’. Sin embargo, su salida de la piscina en ‘Poker Face’, su fiestón casero de ‘Just Dance’, el West Side Story de ‘Eh Eh’, el rollo bollo en cabina de ‘Love Game‘ y especialmente, el despliegue de sensacionalismo de ‘Paparazzi’ ya anticipaban que cada vídeo de Lady Gaga terminaría siendo un evento.

Rara vez, con el debut de algún artista, ocurre algo similar.

 

Infalible en directo

Y si algo llamó también la atención durante su primer época, aquello fue el directo: Gaga sabía exprimir su debut. Aquel disco imperfecto no fallaba sobre el escenario, porque ella lo recubría de arreglos de piano, cambios en la melodía vocal, y especialmente, de una teatralización espectacular a cargo de elementos tecnológico, de moda, o directamente interpretativos. Es impensable pasar por alto el peso del ‘Haus Of Gaga’ en aquel primer par de años.

Su equipo creativo consiguió que el público no diera crédito a cada aparición, vistiéndola de forma estrambótica, creando un atrezzo imposible a su alrededor… todo era válido, pero todo surtía efecto porque Gaga exhibía talento y se la notaba absolutamente involucrada en el proceso. En los VMA de 2009, de hecho, protagonizaba la actuación más comentada de la noche, y una de las -nos vamos a permitir el comentario- mejores de la historia de los premios: cuatro minutos de ‘Paparazzi’ transformada en musical de Broadway, con final trágico, cruficación y flashes. El exceso hecho arte pop.


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